martes, 28 de julio de 2009

ANSIEDAD GENERALIZADA




La característica esencial del trastorno de ansiedad generalizada es la ansiedad y la preocupación excesivas (expectación aprensiva)
El individuo tiene dificultades para controlar este estado de constante preocupación
La ansiedad y la preocupación se acompañan de al menos otros tres síntomas de los siguientes: inquietud, fatiga precoz, dificultades para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular y trastornos del sueño

Aunque los individuos con trastorno de ansiedad generalizada no siempre reconocen que sus preocupaciones resultan excesivas, manifiestan una evidente dificultad para controlarlas y les provocan malestar subjetivo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de actividad

La intensidad, duración o frecuencia de aparición de la ansiedad y de las preocupaciones son claramente desproporcionadas con las posibles consecuencias que puedan derivarse de la situación o el acontecimiento temidos. A estos individuos les resulta difícil olvidar estas preocupaciones para poder dedicar la atención necesaria a las tareas que están realizando, y todavía les cuesta más eliminar aquéllas completamente. Los adultos con trastorno de ansiedad generalizada acostumbran a preocuparse por las circunstancias normales de la vida diaria, como son las posibles responsabilidades laborales, temas económicos, la salud de su familia, los pequeños fracasos de sus hijos y los problemas de carácter menor


Síntomas y trastornos asociados
A la tensión muscular que presentan estos individuos pueden añadirse temblores, sacudidas, inquietud en el cuerpo, y dolores o entumecimientos musculares. Muchos individuos con este trastorno también pueden presentar síntomas somáticos (p. ej., manos frías y pegajosas, boca seca, sudoración, náuseas o diarreas, problemas para tragar o quejas de tener algo en la garganta») y respuestas de sobresalto exageradas. Los síntomas depresivos también son frecuentes.


Es importante saber que este trastorno es muy común en mujeres de mediana edad. Es muy molesto padecerlo, incomodo y doloroso, por lo tanto no se tiene que vivir con ello, hay tratamientos psicológicos que controlan y ayudan a tener una mejor calidad de vida


Psic. Paola Mendoza Pastor
044 55 21974248
44373924

sábado, 21 de febrero de 2009

Miedo y Ansiedad... ¿por qué a mi?


Las personas tenemos instintivamente la capacidad para sentir miedo, pues desde nuestros ancestros hasta la actualidad, esta emoción nos ha ayudado a discernir los momentos y las situaciones donde consideramos que corremos un peligro inminente. Nuestro cuerpo se prepara para dos acciones básicas de afrontamiento a la amenaza que tenemos cerca, es decir, el ataque o la huida. Considero, que con el paso del tiempo; la sobrepoblación mundial; el exceso de estímulos visuales, auditivos, entre otros; el estrés; las presiones; etc., nuestra capacidad de identificar el miedo se fue confundiendo con los sucesos diarios, dando aparición a la ansiedad.
Debido a la similitud de las sensaciones entre estas dos, se confundieron los términos y comenzaron a entremezclarse. Es así, que existe tanta gente que sufre de fobias a distintos estímulos, y los considera en muchas ocasiones, como algo irracional, pues realmente no existe un peligro real y tangible.

Se puede apostar con seguridad, a que la mayoría de los seres humanos, han sufrido de algún episodio de miedo o de ansiedad a lo largo su vida. Sin embargo, muchos se inquietan aún más por toda la sintomatología tanto cognitiva, fisiológica y conductual que éstas conllevan.
Yo, como muchas otras personas, me he preguntado ¿por qué a mí?, ¿Por qué no le tengo miedo a otras situaciones o a otras cuestiones?, ó ¿por qué los demás pueden convivir tranquilamente con los objetos o escenarios que a mi me aterran? Muchos nos hemos hecho estas preguntas en distintos contextos. Pero no todos buscamos una solución y no le ponemos remedio, pues es muy difícil afrontar nuestros miedos, porque estamos acostumbrados a evitar, ignorar o alejar para sentir un alivio inmediato.

Debemos conocer y reconocer, lo más que se pueda, toda aquella información que rodea a las situaciones que queremos examinar y afrontar. Sabiendo qué es lo que sucede alrededor de la circunstancias, sólo así podremos manejarnos mejor ante ellas.

La ansiedad y el miedo son dos respuestas normales a una amenaza percibida, todos los seres humanos las hemos sufrido no sólo en una sino en varias ocasiones. Es importante conocer la diferencia de éstas, pues atañe a la relevancia de aterrizar información para la psicoeducación. La primera es activada por una amenaza vaga o poco clara, es una reacción de tensión sin origen o fundamento claro y aparente, es más vaga, imprecisa y menos focalizada, mientras que la segunda, al contrario, es activada por una amenaza bien definida (Peurifoy, R 1993). El miedo es una respuesta emocional que todos tenemos, que se activa ante circunstancias que representan peligro para nuestro organismo. Aunque las reacciones de miedo sirvan para protegernos cuando afrontamos una situación potencialmente peligrosa, ellas pueden ser desadaptativas en otras situaciones (Ledoux, 2000). El miedo es una experiencia muy común para los seres humanos y se trata, además, de una experiencia que tiene un importante valor adaptativo para la supervivencia de la especie. Normalmente cuando hablamos de miedo adaptativo nos referimos a un conjunto de sensaciones que se ponen en marcha como respuesta normal ante peligros reales (Marks, 1987). Sin embargo, cuando estas sensaciones se experimentan en situaciones que no suponen una amenaza real, nos encontramos ante un miedo que ya no es adaptativo.

Ambos dirigen a síntomas desagradables tanto mentales (confusión, desprotección, inquietud, pensamientos negativos, etc.) como físicos (tensión muscular, taquicardias, sudoraciones, etc.)

Existen diversos síntomas de ansiedad, algunos son más comunes que otros, sin embargo, esta tesis es un caso único, y expondré aquellos que son más frecuentes en mí, al estar cerca de mi estímulo fóbico.

Respuestas fisiológicas:
Disnea
Taquicardia
Temblores
Parestesia (entumecimiento o sensación de hormigueo)
Calor o escalofríos
Dolor o molestia en el pecho
Sudoración
Sofocos
Nauseas o molestias en el estomago
Sensación de irrealidad
Hipertonía
Mareo y sensación de inestabilidad


Respuestas motoras:
Hiperventilación
Movimientos oculares y de cabeza rápidos
Tensión corporal
Morderse los labios, temblor en ellos
Morderse las uñas
Movimientos rápidos de dedos
Llanto esporádico
Tartamudeo
Bostezo

Respuestas cognitivas:
Miedo subjetivo
Ansiedad anticipatoria
Confusión
Hipervigilancia
Exageración de la respuesta de alarma
Irritabilidad

En conclusión todos los seres humanos hemos pasado y pasaremos por episodios de ansiedad y miedo, pues son propias del ser humano. Y quien diga que tiene todo bajo control y no le teme a nada, seguro es quien más miedo tiene hacia la vida.